La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

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Resumen

Porno-trágico II

¿Eso es todo? Pregunto ¿Qué ocurre después? Seguro que puedes imaginar el resto, dice Control musitando, aproximando su boca a mi oído, arrimando su cuerpo a la silla. Noto la blanda tibieza de un pecho en mi hombro. Quizás algún día te lo muestre, y oigo chascar su lengua en el borde de mi lóbulo mientras arrastra las consonantes, húmedas, insinuantes.
De todas formas, dice irguiéndose y separándose de mí, en ese campo todo está visto. La vieja historia de siempre. Estoy pensando en ceder el resto de la grabación a algún estudiante de anatomía para que pueda comprobar la versatilidad del cuerpo humano, la capacidad de dilatación de algunos músculos. Adaptabilidad, elasticidad, resistencia, lubricación. Esas cosas. Nada nuevo. Te he ahorrado lo que no nos interesa y he pasado directamente al final. Observa, dice, y vuelve a aproximar su cuerpo, poniendo en marcha la grabación.
Puerco aparecía acabándose de ajustar el impermeable mientras, a sus pies, la agente de aduanas estaba tirada en el suelo en una postura tan obscena que parecía como si Puerco la hubiese arrojado al suelo después de dejarla inconsciente. La sonrisa no había desaparecido del infame rostro, y suponía que no lo había hecho en el resto de la grabación eludida. Así que sin dejar de sonreír se acerca al cámara hasta que su rostro llena completamente la pantalla. Entonces, bruscamente, se quita las gafas.
Doy un respingo y hecho el cuerpo hacia atrás. Control, que ha previsto mi reacción, no se ha movido, esperando el choque de nuestros cuerpos. La cálida fragancia me domina por un momento aun cuando no puedo quitar la vista de la pantalla, hipnotizado por esos ojos negros sin distinción. Un abismo sin cristalino ni iris, una acuosa negritud iridiscente que rezuma maldad.
Puerco vuelve a ponerse las gafas. Coge la chaqueta del uniforme de la mujer y la envuelve. La levanta como si la mujer no pesara y la carga sobre su hombro. Se va por la otra puerta. No puedo evitar fijar la mirada, ¿con tristeza? ¿Lúbricamente? en las nalgas desnudas que se alejan cabalgando sobre el hombro de la bestia.
Me separo lentamente de Control.
Por eso estoy aquí, digo, intentando parecer imperturbable.
Por eso, dice Control. La Normativa Cash nos permite alquilar los servicios de un Ejecutor cuando un empleado de la compañía es secuestrado. Queremos la cabeza de ese cerdo. ¿Sólo su cabeza? digo girándome ¿y la mujer? La mujer es el pretexto para que tu actúes, dice Control, fría y distante. Lo que ocurra con ella nos es indiferente. Además, pensamos que después de lo ocurrido ya no podrá volver a ejercer su trabajo con eficiencia, eso si es capaz de ser eficiente en algo. Olvida a la mujer. Céntrate en el cerdo.
Necesito más datos. Tengo que saber que ocurrió en esa sala y el porqué de todo este irracional comportamiento. Control coge una silla y la pone junto a la mía. Lo normal hubiese sido mantener las distancias, continuar fría y distante, tanto como su traje le permite ser. La falda un dedo sobre las rodillas, el traje pulcramente ceñido alrededor de su cintura. Sin embargo se sienta a mi lado, emitiendo descargas estáticas, dejando que su falda suba por sus piernas, acercándose más de lo necesario. ¿Quieres un café? pregunta y antes de que pueda responder la secretaria de Control entra en el despacho con dos tazas que deposita frente a nosotros. Gracias, Irene, dice Control. No puedo evitar fijarme en la mujer que se aleja. Lleva una falda negra tres dedos más corta que la de su jefa, bajo la cual unas medias que oscurecen su piel acaban en unos zapatos negros de tacón discreto. En contraposición, en la parte superior todo es blanco: Una curiosa blusa blanca que cruza sobre su pecho anudándose en la cintura dejando un ligero escote en el que asoma un collar de discretas perlas. Lo más llamativo era el total silencio que acompañó a su entrada, como si el tiempo se hubiese suspendido ante la fragancia de oscura voluptuosidad que se mezclaba con el del café, irrumpiendo sin ser reclamada, acudiendo sumisa a la llamada no realizada de su jefa. Después de tantas impresiones su breve aparición altera algo en mi interior. Control rompe el hechizo. No sin cierta sorna, como si adivinara mi turbación, del montón de carpetas sobre la mesa extrae una y la abre ante mí.
Lee y dime que opinas.

Hasta aquí, señoras y señores la entrega semanal de esta serie de género porno-trágico. Noten que es posible que la carga erótica haya disminuido: Prometo que eso se subsanará en futuras entregas siempre y cuando esa opción sea del agrado de todos. Sin embargo se han abierto nuevos senderos en la tensión narrativa: El misterio de Puerco sigue en la oscuridad, los propósitos de Control son inescrutables y la aparición de la secretaria introduce un elemento de pasiva seducción inesperado. ¿Está más interesado el narrador en la secretaria que en Control? ¿Posee Puerco superpoderes afrodisíacos? ¿Persigue Control saciar sus deseos o sólo se trata de una maniobra para mantener en vilo al narrador?
Todo esto y mucho más en las siguientes entregas.
Nota del Autor: Se aceptan nuevas líneas narrativas. Razón aquí.

Martes, 01 de Febrero de 2005 17:58. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 7 comentarios.

Inventario

A257.jpg

Botitas, dos chichoneras, tres arrullos, gasas de abrazar, pijamas, muchos pijamas, un vestido chiquitín-chiquitín con sus leotardos a juego, rebequitas, faldones, sábanas, una caja con chupetes usados, un montón de horas de sueño, el sabor de la leche sin cacao, una mano que se mete en la mini-cuna buscando una carita, el olor a almendras dulces de un recién nacido, un cepillo que no peina, dos placentas que caen, los relojes que pierden las agujas, la angustia y las vomitonas, carne que se abre, llantos de varios tipos, murmullos, tápalo tápalo que tendrá frio así así, ay mi chiquitín qué cosita más preciosa, un paquetito en los brazos, mecedora, tetada de las doce, bebe bebe que tienes que hacer mucha leche sí así justo cuando empiece a mamar tú bébete este vaso te lo dejo aquí preparado yo ya me voy ¿quieres algo más? ¿te hace falta algo?, ir en pijama casi todo el día, ¡pero míralo, no se cansa de hacer cosas divinas con la carita! Puñitos cerrados tápale las manos con las manguitas así así que se arañará la cara, no no apagues el radiador que parece que aquí hace frío, apágalo que hace demasiado calor, no mejor déjalo puesto pero al mínimo y entornamos la puerta. Qué hermoso se está criando, ya no coge en el capazo mejor pasarlo a la silla, es igual que tú, qué rubio qué ojos más azules qué piel más blanca se rie igual. Comparativas con bebes adyacentes, más pijamas, un albornoz, no dejes de mover el coche que está al caer, sí por las noches no da guerra se toma su tetada y queda entre los brazos que parece que le hayan dado una paliza míralo, tiene la comisura de la boca llena de leche ponlo en el hombro que erupte ya ya eruptó ahora se ha hecho caca y vuelta a empezar, una botellita de colonia, un tubo de Nutracel para el cambio de pañal, Mustela para la piel, horas de observación y de incredulidad, siestas llenas de caricias, el sonido de los ajos, el sonido de los gugús, el sonido de los anguengues, mabá, papá, abua, papicas güenas, una trona y papilla de frutas, sí ya se tiene sentado, una lavadora otra lavadora tiéndela con cuidado, ven aquí dulzura que mamá te va a comer vivo, aserrín aserrán los maderos de San Juan piden queso piden pan, se le ha salido el pipí está empapado ay mi meón, se me hacen grandes volando míralo cuatro meses ya, qué piel qué olor qué ruiditos qué risa le da verme cómo se calla cuando lo cojo yo cómo sabe que sé lo que le pasa es mi chiquitín, ¿hasta dónde estás del abuelito? ¡hasta aquí! ¡hasta aquí! ¿cómo hacen los lobitos? Mira, le ha salido un diente qué diente más divino el diente de mi niño. ¿llevas el agua, un pañal, las gasas, el arrullo por si alguien quiere sacarlo del coche? Un montón de bajadas de persiana para la siesta matutina, para la siesta siesta, para dormir por la noche. Infinidad de besos y de mimos y de risas y de qué cosa más linda. Nunca me ha dolido nada tanto, ¿cuándo acabará esto? No puedo más, no puedo más, no puedo más, no puedo más, no puedo más, no puedo más, no puedo más. Luz blanca guantes de latex silencio sudor, postura incómoda clavándome la pinza del pelo en el cráneo pero ya se me ha olvidado, vienen miran se van vienen empuja más fuerte miran y se van, vienen empuja así así ahora ahora, ya no empujes más y peso sobre el vientre y no dentro. Rojo, llora, se mea, ahora te cuidaré yo. Vivirás conmigo.

Miércoles, 02 de Febrero de 2005 15:33. [ + ]. Tema: Visitas paganas al hogar Hay 10 comentarios.

Luis García Montero, "Canción de brujería" de Habitaciones Separadas

1.jpg
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.
Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.
Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.
El tiempo que ella tarde en decidirse.

.
(imagen: Sensitive Light)
Jueves, 03 de Febrero de 2005 17:29. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 21 comentarios.

Luciano Pavarotti, "Non ti scordar di me"

BoteroMusicos.jpgMúsica: De Curtis.
Letra: Furnò
Imagen: Botero

"Partirono le rondini
dal mio paese freddo e senza sole,
cercando primavere di viole,
nidi d´amore e di felicità.
La mia piccola rondine partì,
senza lasciarmi un bacio,
senza un addio partì.

Non ti scordar di me,
la vita mia legata è a te.
Io t´amo sempre più,
nel sogno mio rimani tu.
Non ti scordar di me,
la vita mia legata è a te.
C´è sempre un nido
nel mio cor per te,
non ti scordar di me!"
Viernes, 04 de Febrero de 2005 11:17. [ + ]. Tema: El gran musical Hay 8 comentarios.

Visitas paganas al hogar, primera parte

Hay dos tipos de amas de casa: las que lo son antes que cualquier otra cosa, y las que son amas de casa porque es lo que toca y punto final.

El ama de casa que lo es antes que cualquier otra cosa disfruta (esto es básico) de un círculo de amigas que también se toman muy a pecho su condición. Entre ellas se lo guisan y entre ellas se lo comen. Madres abnegadísimas todas ellas, disfrutan su primer descanso matutino en la cafetería de la esquina del colegio donde, a distancia (se ve), adelantan el trabajo casero con una master-class auto-reafirmante sobre las maravillas del Ajax Pino, la bayeta ecológica o el Duende (que como todas ellas saben, es un aparato super-limpísimo que lo deja todo como los chorros del oro, con infinidad de cacharros y potingues olorosos que aunque ocupa media casa, es el colmo de la sofisticación y del buen gusto). Para esta mujer, es importante dejar claro lo agotada que va siempre de acá para allá cargada de críos hasta las orejas para no quedar en franca desventaja frente a la concurrencia, por mucho dolor de cervicales o de lumbares o de cualquier otra cosa que aquéllas esgriman padecer (aunque también es de ley aclarar que una pasadita por el hospital, aunque sea por urgencias, deja en mantillas a cualquiera de las otras tenga la cantidad de hijos que tenga, ¿por qué? Porque lo más sacrificado en este mundo para una ama de casa excelente, es que tengan que venir otras a meterle mano en su territorio; no porque vayan a cambiarle las cosas de sitio, que no es eso, ni porque vaya a quedar en entredicho su capacidad, no. Si no porque cabe la posibilidad —que como ya se verá más adelante, es más que probable— que su rancho no esté tan esmerilado como dice tenerlo. Gran pánico, pelusas debajo del sofá o cacahuete del sábado en la alfombra del comedor. “Válgame. Si llegara a saberse” y lo recogen corriendo no fuera a ser que cayeran enfermas…)

Como a las diez o diez y media, les remuerde la conciencia a todas y salen pitando de la cafetería —guarra y dejada la última— para dirigir sus pasos a un supermercado, tienda de ultramarinos de confianza o cualquier otro establecimiento donde ya se sepa cómo se es de eficiente y de gran cocinera, y donde se pueda pasar otro ratito hablando con la tendera deleitándose mutuamente con alguna receta de cocina para los niños (“que se la comen estupendamente”), la última de la Pantoja, el Gran Hermano, la isla de los famosos o cualquiera otra barbaridad televisiva que, aunque critican y ponen como hoja de perejil, curiosamente siguen con una fidelidad sólo comparable a los monjes capuchinos.

Con los adminículos del cocido en el carrito y un crío dando la lata, el ama de casa excelente aterriza en su casa y lo primero que hace es encender la televisión. Existe una conexión aún en fase de investigación entre la emisión de ondas hertzianas procedentes de programas de Maria Teresa Campos o Ana Rosa Quintana, y el cerebro de la mujer no-trabajadora, que hace que aún sin darse cuenta, no puedan vivir la una sin la otra, y mientras, tan ricamente pongan el cocidito madrileño en la olla y se hagan dos o tres llamadas telefónicas a las amigas para ver quien de todas recoge a los críos de ballet, de tenis o de catequesis. Organizarse es fundamental, y un ama de casa mal organizada es literalmente un desastre público. He visto casos de mujeres que sólo por llegar tarde al colegio reiteradamente, eran dadas de lado, marginadas, juzgadas y eliminadas del mapa social. Ahí queda eso.

Viernes, 04 de Febrero de 2005 18:03. [ + ]. Tema: Visitas paganas al hogar Hay 18 comentarios.

Lo mejor de este mensaje, lo pone Egonauta "El mago" en: comentarios

Esta mañana he leido a una persona por la que siento una gran admiración decir que "tiene miedo". Ésta es la cosa más normal. Suele asomarse a nuestras vidas para hincar el diente a la moral.

He vivido ya lo suficiente como para, sin grandes extremos, haber pasado por mucho y muy variado pero, quizá lo peor a lo que haya tenido que enfrentarme haya sido la enfermedad de A. Y bueno, para ilustrarlo he traido un texto del baúl de los recuerdos. Tiene algunos años pero no pienso retocarlo en nada. Es bastante cutre pero de vez en cuando no está mal leer cosas así. Hay mucho angelito que sigue y sigue en pie de guerra, pequeños y grandes, como así demuestra el miedo que padece esta persona a la que además, mando un abrazo.

"...y mientras paseo con mi niño por los pasillos de aquel lugar tan especial, voy recorriendo una a una las habitaciones de mis “vecinos".

Allí está Alberto, un niño con seis dedos en cada mano que mañana será operado y que tiene un miedo atroz, cruza tres o cuatro frases tartamudeadas con mi hijo y le doy un beso de buenas noches, los padres no podrían tener más miedo aunque quisieran. Una mirada de solidaridad entre nosotros es suficiente para desearles todo tipo de suertes. Merecidísimas. En las mismas condiciones que Alberto y en la cama que está junto a la ventana, Elena. Una muñeca de quince meses que tiene seis dedos también y que al preguntarle cuántos años tiene, no guarda pudor alguno en enseñártelos mostrando así su deformidad con la naturalidad con la que sólo un niño puede hacerlo. Y sus padres, junto a ella, velándole el sueño hasta el miércoles cuando también la operen a ella. Miedo, mucho miedo, y alivio, mucho alivio al ver que no están en las mismas que los padres de Alberto porque aún falta un día para la operación de la niña.

Más allá, uno de los casos de injusticia más grandes que he conocido, Mari Carmen con su hijo, Joan. Joan es un niño muy delicado, tiene 10 años, llegó a la vida tras los innumerables esfuerzos de sus padres, infructuosos todos ellos, de tener un hijo. Nació con tantas deformidades como se pueda imaginar, recuerdo que fue por él por quien nos cambiaron de habitación a Alex y a mí. Necesitaba la nuestra porque era la más completa, la que estaba frente a la ventanilla de la enfermería. Allí habita durante la mayor parte del año, están en el hospital desde que nació más tiempo que en casa. Pasamos por la puerta y enseguida reconoce a mi hijo, Alex le tira desde la camilla un muñeco que él siquiera puede coger, su madre lo toma del suelo y se lo entrega, Joan grita, no sabe reír ni nada, pero por el grito su madre nos dice que está contento. Junto a Joan un pequeñajo que mañana será operado de vegetaciones, mocoso perdido.

El miedo habita en los hospitales infantiles en la misma medida que la ternura. En cada papelera hay una funda de jeringuilla que te recuerda que alguien pasó un miedo atroz. En cada papelera un resto de goteros o de algún otro tipo de material hospitalario que sólo quien ha estado allí por un hijo reconoce como objeto merecedor de todo tipo de odio. Y ternura, presente en el papel de la chocolatina que alguien tuvo que ir a comprar por la vía rápida para calmar con los mimos disponibles el dolor que una pierna o un brazo, o una frente o un pie sufrió al recibir la aguja.

Tener un hijo en esas circunstancias no entra en los planes de nadie, sencillamente no se piensa. En el mejor de los casos, te llega, se pasa y basta. Dios te da fuerzas o las sacas de donde puedas durante todos los días del cautiverio, se olvida uno que existió vida anterior, incluso que haya gente normal viviendo vidas normales sin enfermedad. Te olvidas de la calle, olvidas que una vez tuviste un microondas y te das cuentas que ahora sólo sabes que echando cien pesetas a la máquina del café, ésta te entrega un cola-cao que sabe a rayos pero al que también parece que le vas cogiendo el gusto. Los niños no sabes qué piensan, sólo sabes que pasan miedo. Lo ves en sus caras, no les gustan los hospitales, no les gustan los médicos, les tienen pavor a las batas blancas. Recuerdas de paso que jamás te comprarás algo parecido para vestir. Lo olvidas porque es una tontería. Pero es verdad.

Y cuando se los llevan (te miran y esperan, es de suponer que tú estás ahí para protegerles y evitarles todo mal, y no puedes...). Cuando quedas a la espera que acabe su dolor. Incluso el de los "vecinos". Hay una empatía que corre por los corazones de todos, todos deseamos la vuelta de los celadores con la camilla del niño de vuelta del quirófano, o de rayos, o de... y no siempre con buenas noticias. Es desalentadoramente desesperante contemplar el dolor de quienes tenían grandes esperanzas. Lo es porque coges mucho cariño allí dentro. Lo es porque sabes que cualquier cosa que te pidieran y estuviera en tu mano la darías, pero no existe consuelo para quienes han perdido la salud de un hijo. No lo hay, si no lo inventaron los médicos o éstos llegan tarde, no lo hay. Y no lo encontrarán en ninguna parte.

Recuerdo que había un payaso creo que los jueves, no todos los jueves. Entonces bajábamos al salón de actos, o algo así, la verdad es que la memoria, muy selectiva ella, ha borrado muchas cosas. La primera vez que bajé tuve que irme a llorar al pasillo, no podía creerme lo que estaba viendo. Los niños habían salido de sus camas y montados en la supersilladeruedas cargados con sus quinientos mil goteros cada uno, contemplaban el espectáculo. Y reían, y se lo pasaban bien. Y se lo merecían tanto... todavía me emociono al recordarles, es que era tan especial todo aquello. Mi hijo hacía palmas como un loco, como los niños normales... es que se le olvida a uno lo que es ser normal, lo que es cotidiano para un niño. Y el resto de criaturas calvas... recibiendo la chistera del payaso-mago y ayudándole en sus trucos. Y los padres de esas criaturas disimulando su fortaleza en sonrisas que llegaban de oreja a oreja al ver por fin a sus hijos dentro de la normalidad. Dentro de lo que cabe esperar en un niño. Las risas y la despreocupación presentes, que ya habrá tiempo después para volver a pegar sus pequeños cuerpos al colchón, a la cama y a la medicación horrenda. Pero ahora no, ahora están riendo. Ya nada les duele, se olvidan.

Y también pasaba a diario el bibliotecario, un señor encantador que siempre tenía una mano precisa para ponerte en el hombro. Debía ser un ángel o algo así, le recuerdo bien. Tenía esa sonrisa especial de quitapenas, especial en toda regla. Traía libros a los niños, traía trabajos para colorear, mi hijo los hacía inclinando el atril lo más posible, le era imposible sujetar o controlar los lápices, le caían a la cara y de eso nos reíamos mucho. Pero ¡machote! ¡Que te lo metes en el ojito! y se meaba de la risa.

Aquellos días permanecerán en mi memoria como el baño de humanidad más grande que yo me haya dado jamás. Dudo mucho que alguien que no sepa lo que es estar allí sea capaz de entender la grandísima cabronada que es y lo tremendamente humilde que te vuelve. Es difícil explicar la rabia que se acumula, la hinchazón de los pies, las noches interminables en aquellos sofás marrones de toda la vida, el cartelito de la puerta del baño donde reza "para uso exclusivo de los internos" y que tienes oportunidad de leer mil veces antes de caer rendida por el cansancio para despertarte minutos más tarde por los aullidos de dolor de alguna criatura "vecina" y que te hacen dar gracias a dios porque no es tu hijo esta noche, por lo que te sientes terriblemente egoísta y mal. Los pasos de las enfermeras de noche entrando a cambiar goteros, entrando a volver a pinchar en esas tiernas carnes que jamás merecerían trato semejante, ni se imaginó. Los llantos de los padres desconsolados, la amargura de las abuelas que recorren sin cesar los pasillos rosario en mano, sus susurros, sus lágrimas, sus quejidos. La fortaleza que hay que tener para no caer delante de los críos, la fuerza de los niños enfrentándose a su tratamiento, las risas que despiertan algunos miembros del hospital. Las veces que la enfermera que sirve las comidas deja dos barras de pan en lugar de una para ahorrarte el viaje a la cafetería. Las idas y venidas a por tebeos y libros que se leen una y otra vez, sin tregua, sin descanso. La tensión de no vencer a la puta enfermedad que se resiste a marcharse del lado de tu hijo. Las plegarias, los ruegos sinceros. La voz de Dios en la de los médicos. La de esa madre que ha perdido la paciencia y que inconscientemente se queja al primero que se encuentra, pegándole patadas al bolso por toda la habitación y cagándose hasta en Dios. La entrada del cuadro de médicos por las mañanas y a los que serías capaz de tirarte a los pies para rogarles salir de allí y que en silencio tienes que aguantarte mientras les escuchas decir que aún no está el niño para el alta. El cuadro de médicos que pasa al siguiente enfermo y que sí le da el alta y que se va. Y las despedidas y las fiestas de despedidas. Y las rondas de los niños que por fin se van, sanos, o mediosanos, a su casa. A casa, a casa, a casa......... no saben ya si tienen casa, lo han oído decir, un sitio donde están sus juguetes tiene que ser, no saben.

No se olvida jamás, no se debe olvidar jamás. Yo muchas veces les recuerdo, no tanto como merecen, pero si alguna vez tenéis ganas de bañaros en algo que sea realmente importante, id a un hospital infantil, visitad a los vecinos, ved sus caras de extrañeza cuando huelen a quien entra. Dejad que sus caras penetren en vuestro corazón, que su espíritu luchador os venza y que sus sonrisas, timidísimas sonrisas que son forzadas en su mayoría, os inunden y que no os abandonen mientras viváis.

Ellos se merecen al menos, eso. De hecho se lo merecen todo."


Y ahora voy a atarle el traje de ninja a Alex, que está por aquí dando guerra. Para variar."
Viernes, 04 de Febrero de 2005 12:33. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 10 comentarios.

Por necesidades del servicio

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Con la ceguera del deseo desperezándose bajo las sábanas, y la memoria de unas manos que inventan a diario su infinito entre mis piernas, despierto sobre la cama, sola y relamiéndome como una fiera. Después le oigo acercarse, puntual, desde la ceniza y el olvido a los pies de este mundo en el que entra descalzo encontrándome como quiere, medio desnuda, echada sobre su recuerdo o revolcada de ojos cerrados en un beso inerte, acariciándome. Firme, sube por mi espalda como una serpiente haciendo que sucumba al paso de su lengua, de sus dedos, del calor de su vientre, del tempo con que me atraviesa mientras susurra obscenidades en mi oído que apenas entiendo. Cuanto tiempo tenemos, le pregunto cuando abre mi boca y moja sus dedos vadeando mi pecho desnudo hasta los muslos abiertos. Y él, que es llama voraz, agitándose y bañado en sudores me habla excitándose, apartando mi dedo y tomando mi sexo con ansiedad. Rápido, ya tendría que estar fuera. Con palabras que se le escapan entre los dientes mientras se me viene encima convulsionándose, montando caliente, apagándose en gritos contra mi pelo que son apenas un hilo cuando ya cede y se deja caer de costado, rendido, para acabar las más de las veces metido entre mis piernas, haciendo que me arquee disciplinada y me venga de agua, bebiendo de la fuente hasta saciarse batiendo la lengua como un loco.

Al despedirse me mira desde el marco de la puerta, se pone un dedo sobre los labios, shhhh, a las once reunión, y entonces yo tomo una fruta de la cesta, le doy dos bocados y me duermo, mecida en el sabor de sus besos y adivinando la salida del sol al otro lado de las cortinas color miel. Escuchando la voz de mi marido y la suya, hablándose.

Sábado, 05 de Febrero de 2005 15:33. [ + ]. Tema: A golpe de tecla Hay 9 comentarios.

Ángel González

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz—cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

***

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


***

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.
Lunes, 07 de Febrero de 2005 16:13. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 1 comentario.

Jaime Sabines

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy sólo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en el que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que nos vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.

En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

***

Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.

***

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Lunes, 07 de Febrero de 2005 17:28. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 11 comentarios.

Al compás, al compás (anecdotario del placer discotequero)

408.jpgImagen: Round here

Decía Shelley que el conjunto de los poemas escritos, forma por sí mismo un gran poema del que todavía no tenemos conocimiento, y algo semejante, aunque llevado al terreno de lo absurdo, podría decirse de la transpiración humana en un garito musical en el que sin excepción, todos los asistentes sudan al compás, expulsando lenta y continuamente gotas que invitan a pensar que el rito forma parte de algo que no consigo adivinar, algo superior. Pero, ¿el qué?

Dentro y casi a oscuras, paseo entre las caras sudorosas y encuentro miradas que me desnudan, otras que me sonríen, ojos que se atiborran de humo, que resueltamente se divierten y así lo muestran. Pero el sudor de sus caras, el esfuerzo que reflejan, el tacto de sus pieles brillantes no debería ser sinónimo de felicidad, si no más bien de todo lo contrario. Aún así se obstinan como fieras en permanecer allí. Decididamente es un espectáculo aterrador, algo que habla de cabezonería humana, de tozudez extrema, de soledad, de afectos no encontrados en un mismo latir, cada uno en su losa y sin salirse de ella, mecidos por un incesante chin-pam-pum, como si se tratara de un canto místico, de un ritual. Pero, ¿con qué objeto?

Se mueven en escaso margen de espacio, agitan sus miembros y haciéndolo, gotas de sudor caen el suelo e impregnan el ambiente de una nube que lejos de elevarse, permanece cerca del suelo mojando y cansando a cuantos no abandonan, y a mí, que me restriego contra decenas de personas que me mojan con su humanidad. Tanto, que cuando consigo llegar a la barra ya no soy yo, somos ellos y yo. Nadie lo hace queriendo, todos desearían no sudar, pero lo hacen, y parecen querer que sudes como ellos, que te iguales, engullirte. Y hasta que el agua clara bañe mi cuerpo y todas esas esperanzas, toda esa cabezonería, tozudez, soledad y afectos no encontrados se pierdan por el desagüe de la ducha, les perteneceré, seré suya. Después, me instalaré durante algunos minutos en la certeza de que esos restos recorrerán cientos de kilómetros alejándose, cuando lo que en realidad harán será unirse al mar donde se evaporarán y elevarán formando nubes para volver a derramarse sobre miles, millones de cabezas que recibirán la lluvia como bendición celestial y que, sin saberlo, les regará de lo mismo de aquello de lo que desean huir, de la desesperanza y la soledad bien sudada.

No hay escapatoria. Del cielo nos llueven los clavos. Chin-chin-pun, chin-chin-pun.
Miércoles, 09 de Febrero de 2005 11:59. [ + ]. Tema: Con el dedo en alto Hay 5 comentarios.

Érase una vez el polvo enamorado

Nadie (salvo nosotros) sabe lo hermoso que es corretear con un remolino a pie de tierra mezclando nuestro amor con las hojas desmayadas que ruedan a lo loco, en los límites de la realidad. No sé, creo que incluso nos envidian nuestros parientes, ya no nos invitan a los ágapes familiares y se quedan tan panchos cuando dicen que ponemos perdida la mesa; no comprenden que en alguna parte hemos de posarnos y que aquello del pavo fue un accidente. A nosotros estas cosas ni nos van ni nos vienen. Nosotros a lo nuestro, al amor puro. Al amor volátil, etéreo, ágil, dinámico. Nosotros tenemos casa en el viento, en la cresta de la ola, en el rocío que cubre la hoja. En la cultura de un beso. Así es. Nos combinamos y quintaesenciamos como siempre soñaron los amantes, fundimos un cuerpo con otro y si nos ponemos en fila, llegamos al Sol. Somos múltiples y somos uno sólo, somos polvo, polvo enamorado.

Miércoles, 09 de Febrero de 2005 15:32. [ + ]. Tema: A golpe de tecla Hay 6 comentarios.

Visitas pagadas al colmo (7)

Me juró que me llevaría al país de los sueños
y debe ser verdad, se tomó un frasco de somníferos.
El duerme y yo...
yo aún le espero.

Miércoles, 09 de Febrero de 2005 18:01. [ + ]. Tema: Visitas pagadas al colmo Hay 5 comentarios.

Ñoño

He llegado a un punto en mi vida en que es urgente que me quieran, me urge sentir la presión de otro cuerpo junto el mío cuando despierto en la noche y no sé hacia qué lado de la cama girarme. Una pierna, un codo, no sé. Soy muy vulnerable y creo que todos lo han sabido, demasiado dócil, demasiado ingenua, demasiado estúpida. He dejado marchar a muchos otros con la satisfacción en sus rostros, aprovechados y encantados, y estoy acostumbrada a perderles aún cuando más alta me sintiera sobre la ola. Es habitual verles alejarse, envueltos en su espectacular aplomo, para no volver jamás. Agorera e intuitiva, creo que todo volverá a repetirse y dudo hasta de mi propia suerte. Le miro y estoy segura que se irá, que se llevará el caudal definitivo ahora que los demás se llevaron la mayor parte. Y me da mucho miedo que se vaya, me da pánico que desaparezca, porque... porque le necesito. Le necesito más de lo que puedo permitirme. Más de lo que él mismo podrá permitirse cuando quiera marcharse. Es por eso que esta misma noche le dirás que me he marchado y que todo, todo era mentira. Le dirás que terminé aburrida de tanta demostración de amor y que nada podrá hacer para encontrarme. Le dirás, óyeme bien, que no puedo quererle porque no sé, que me acostumbré a tomar cuanto quería, y de él, ya tengo suficiente. Dile, amigo mío, que no merece una explicación porque su amor barato no llegó a impresionarme nunca y dile, dile.... dile que me olvide. Dile que fue muy poca su luz para esta polilla, y que nada puede hacer por remediarlo. Anda, ve. Yo me voy a quedar aquí un rato, a oscuras, hasta que acostumbre mis ojos a esta oscuridad y consiga moverme sin tropezar con los muebles; hasta que me haga a vivir sin luz.

Miércoles, 09 de Febrero de 2005 17:02. [ + ]. Tema: A golpe de tecla Hay 11 comentarios.

Ay, Forges

forges puesta de sol y futbol.jpg
(!!!)
Miércoles, 09 de Febrero de 2005 16:13. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 6 comentarios.

Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles (I)

290_lrg.jpg
El Bösendorfer 290 Imperial negro pulido.
Miércoles, 09 de Febrero de 2005 10:10. [ + ]. Tema: Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles Hay 7 comentarios.

Adolfo Bioy Casares, "La invención de Morel"

"Recorrí los estantes buscando ayuda para ciertas investigaciones que el proceso interrumpió y que en la soledad de la isla traté de continuar. Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia. Mi alma no ha pasado, aún a la imagen; si no, yo habría muerto, habría dejado de ver a Faustine, para estar con ella en una visión que nadie recogerá.
(...)

Intenté varias explicaciones: Que yo tenga la famosa peste; sus efectos, la imaginación: la gente, a la música, Faustine; en el cuerpo: tal vez lesiones horribles, signos de la muerte, que los efectos anteriores no me dejan ver.
(...)

Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. El verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No puede volver al museo a buscar las cosas, huí por las barracas, estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. creo que esa gente no vino a buscarme, tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana. Escribo esto para dejar testimonio del adverso milagro.
(...)

Esta mujer es algo más que una falsa gitana. Me espanta su valor. Nada anunció que me hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto. Todavía el sol estaba arriba del horizonte, no el sol, la apariencia del sol; era ese momento en que ya se ha puesto, o va a ponerse, y uno lo ve donde no está). Yo había escalado con urgencia las piedras. La vi; el pañuelo de colores, las manos cruzadas sobre una rodilla, aumentando el mundo. Mi respiración se volvió irreprimible.
(...)

No espero nada. Esto no es horrible. Después de resolverlo, he ganado tranquilidad. Pero esa mujer me ha dado una esperanza. Debo temer las esperanzas. Tal vez toda esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir. Ya no estoy muerto: estoy enamorado. "

Miércoles, 09 de Febrero de 2005 15:32. [ + ]. Tema: Retales sueltos No hay comentarios. Comentar.

Porno-trágico III

Deja una carpeta sobre la mesa en la que se encuentra la siguiente:

Trascripción de la declaración de Antonio Pérez, también conocido como Toni Cascas:

Fue el sábado pasado y se anunciaba como La fiesta sexy, ¿a lo mejor habéis visto los carteles? ¿no? Bueno, pensé que sería la típica propaganda de las discos en las que las tías entran gratis y los tíos vamos como borregos a ver si pillamos algo y al final nos volvemos pa casa con el rabo entre las piernas, sin pasta en el bolsillo y con un calentón que pa que. La misma mierda de siempre, pensaba, pero igual fui, total era sábado por la noche y si no voy me quedo en casa matándome a pajas. Pero, joder tíos, aquello no tuvo nada que ver con nada que hubiese podido soñar. Fue la ostia. Al principio parecía lo de siempre pero había algo raro en la entrada. A todos los tíos nos avisaban que debíamos comprarnos una especie de máscara si queríamos disfrutar plenamente del espectáculo. Me pareció una gilipollez, pero vi a dos tíos con cara de enterados que disimuladamente compraban aquellas máscaras, así que me dije que por qué no. No eran exactamente máscaras de carnaval. Eran como máscaras antigás de diseño un tanto cutre, con una formas alucinantes, unas eran como de la guerra, pero otras tenían extrañas formas. Me compré una con dos enormes ojos de cristal para ver y con forma de cabeza de pájaro con un largo pico. La verdad es que todo aquello era un poco como de miedo, pero tenía su morbo, no sé si me explico... pasearse entre todas aquellas tías, algunas bailando casi en pelotas, con la máscara puesta era como de sótano y cadenas... ¿vale?
Total que a pesar del morbillo, al poco rato aquello parecía un sábado más con un montón de gilipollas enmascarados. Copas, pastillas y babear mirando a las tías. Y con la puta máscara de pringado. Así que me busqué un rincón apartado donde poder mirar un rato a mis anchas, sin sentir la mirada de desprecio de las tías, es que, joder, ¿se sienten superiores o qué? Vale, ya corto. Pensé, me tomo el último pelotazo y me abro. Y allí me quede mirando a la tía que bailaba dentro de una jaula, que estaba que me crujían los dientes cada vez que la miraba, hasta que pensé en largarme, cuando anunciaron que había llegado el momento de ponerse la máscara porque empezaba el espectáculo y, a través de los cristales pude ver como los focos se centraban en aquel tío que estaba en medio de la pista. Digo tío, pero parecía totalmente un cerdo. Un pedazo cerdo de dos metros de alto con la cara toda picada de viruela, gafas de sol redondas y envuelto en un impermeable. Con un solo gesto el puto cerdo se quedó en pelotas. Joder, daba asco mirarle. Todo el mundo se apartó de él, y creo que hasta la música se paró, pero no estoy seguro. Y de pronto, entre toda aquella gente que retrocedía asqueada se empezó a notar un movimiento extraño. Los tíos que no llevaban máscara caían al suelo como pajarillos y las tías empezaron a hacer cosas raras como temblando y tocándose, y quiero decir tocándose. Se tocaban las tetas, y su cosa, y parecía que querían irse pero avanzaban hacia el puto cerdo que no dejaba de sonreír. Y entonces empezaron a despelotarse y se acercaron al cerdo... no... se tiraban sobre aquella especie de animal... que, todo sea dicho, iba espectacularmente armado. Pronto aquélla locura se fue extendiendo por toda la sala. La tías estaban salidísimas y despelotaban a todos los tíos y ... bueno... de todo... me fijé en la tía que estaba en la jaula, parecía seguir bailando, pero estaba enloquecida. No sé si estaba idiota o totalmente salida, lo cierto es que no atinaba a salir. Levaba un calentón de dos pares de cojones. Se tocaba, estiraba la mano entre los barrotes hacia donde estaba el cerdo. Después empezó a frotarse contra ellos, por delante y por detrás. Yo me estaba poniendo malo mirando a aquella tía, a mil por hora, ya sabéis, así que cuando aquellas dos tías aparecieron en el rincón no me lo pensé dos veces. No ofrecí resistencia, tíos, ninguna resistencia.
¿Eh? ¿Alguna cosa más? Sí. A pesar de estar metido en faena seguí mirando a la tía de la jaula. Pude ver como el cerdo la descolgaba del techo y la abría de una patada. Cogió a aquella tía desesperada que se desmayo sólo con tocarle y salió con ella al hombro.
Eso es todo, amigos.

¿Qué piensas? Dice Control. No puede ser, digo, todo esto tiene la apariencia de una leyenda urbana. Pues es cierta, y lo que tu piensas, existe, dice Control. Tenemos más declaraciones sobre lo ocurrido en aquella fiesta y todas coinciden. Quizás la del Cascas no sea la más coherente, pero la he escogido porque vio algo que los demás no vieron, cómo Puerco secuestraba a otra mujer.
Digo: No puede ser eso. Eso no existe.
Control: Existe. El AMS existe. ¿Quieres más pruebas?

Señoras y señores hasta aquí la tercera entrega. Pueden comprobar que el cronista intenta mostrar varios registros narrativos para demostrar, y espero que conseguir, que el autor nada tiene que ver con quien hospeda estas desvariadas letras. Confío que tras este fragmento la condición masculina del autor quede a todas luces desvelada. Si ustedes persisten en confundir a nuestra gentil anfitriona con el priápico escritor que ejecuta estas líneas deberé endurecer el tono de la narración.

Jueves, 10 de Febrero de 2005 17:58. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 7 comentarios.

Antonio Lobo Antunes, "Claro que te acuerdas de mí"

He debido cambiar mucho: ya no uso braguero por las hernias, ni aparato ortodóncico, ni pantalones cortos, ni adornos. Por teléfono ya no tengo voz de niña. Ni voy tirando piedras a las moreras, buscando hojas para los gusanos de seda que se arrastran unos sobre otros en una caja de zapatos. Mi plato favorito ya no son las torrijas. Y hace siglos, imagínate, que ya no me despellejo las rodillas.

He debido cambiar mucho: me salieron granos y pelillos, empecé a afeitarme, hice la mili, dejé de vivir con mis padres, me marché del barrio, conseguí un empleo. Nunca más volví a Amadora. A lo mejor el café de los billares cerró, hay un video-club en lugar de la mercería, cortaron los plátanos de la avenida, pasando tu casa, y quitaste aquellos cisnes de escayola de las columnas del portal. Siempre creí, no me preguntes porqué, que acabarías por quitar los cisnes de escayola, con sus alas abiertas y el pico pintado de rojo, de las columnas del portal. Tal vez porque a mí me gustan los cisnes. Tal vez porque tú me encontrabas feo y yo no te gustaba. Nunca respondiste a mis cartas. Nunca sonreíste a mi sonrisa. Nunca me agradeciste la preciosa rana que te envié con mi hermano más pequeño. Cuando le pregunté

-¿Le diste la rana?

mi hermano me contó que apenas le quitó el paño que la cubría y te enseñó el animalito, te echaste a correr gritando

- Quita esa porquería de ahí

pero tengo la seguridad (¿a quién no le gustan las ranas, verdad?) que te encantó, que jugaste con ella y la colocaste en el estanque del patio. Apuesto a que aún anda por allí, en cuclillas sobre una piedra, mirando la ropa tendida en el patio de la cocina, la ropa de tu madrastra, tu ropa, la ropa del señor Bernardino, que acudió al anuncio pegado en el tablón de la tienda y os alquiló una habitación. Mi hermano, calcula a dónde pueden llegar las malas lenguas, jura que te casaste con ese, que se os ve tomando café, cogidos del brazo, los domingos en la mañana, en la pastelería Preciosa, que tenéis un hijo rubio, que te pusiste a trabajar en la secretaría del Ministerio de Economía. Claro que es mentira, que no me lo creí, que me reí. Que yo sepa, nadie puede tener hijos a los doce años, ¿verdad? Además, ¿qué demonio de gracia puede encontrar el señor Bernardino en una chiquilla?

He debido cambiar mucho. Pero estoy seguro que me vas a reconocer cuando el domingo coja el tren de Amadora. Por más que construyan, el edificio y el cantero de dalias tienen que estar aún allí, con cisnes o sin cisnes, enseguida de pasar los plátanos. Me acerco a las rejas, tiro de la campanilla que suelta un gritito roto en el soportal, una delicada manita apartará las cortinas, y como ya no uso alambre en los dientes puedo decir

-Hola, Olga

puedo llamarte, puedo limpiarme los pies en el felpudo, puedo entrar, puedo sentarme a tu lado, con un paquete de bizcochos colgando del dedo meñique, en el sofá delante de la tele. Porque eso es lo único que quiero: sentarme a tu lado en el sofá y ver la telenovela.

Cuando le explico esto a mi hermano más pequeño se pone a bromear sin motivo alguno: que creciste, que te casaste, que tienes un hijo, que trabajas en el Ministerio de Economía, que no te acuerdas de mí, que estoy chalado. ¿Para qué responderle? Es obvio que te acuerdas de mí: era el único en la escuela con cara de conejo y aparato ortodóncico, y que se quedaba inmóvil durante los recreos por no poder correr a causa de las hernias, con una rana en el bolsillo para ti. Es obvio que te acuerdas de mí: era tan linda la rana, ¿a que sí?

Viernes, 11 de Febrero de 2005 17:26. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 2 comentarios.

Julio Cortázar, "Rayuela" capítulo 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Viernes, 11 de Febrero de 2005 17:25. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 16 comentarios.

Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles (2)

imagen_8.jpg
Un sillón, luz.
Son sólo cuatro losas,
apenas un metro cuadrado,
pero...

Éste puede encontrarse en Gastón y Daniela,
forrado en telas de Colefax and Fowler.
Viernes, 11 de Febrero de 2005 16:41. [ + ]. Tema: Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles Hay 5 comentarios.

Tú, ¿cuántos años tienes?

ge-20040116082943-embraceinblueaugu.jpgImagen: Noah Grey

Solía pensar que existía una amplia diferencia entre lo que estaba bien, y lo que estaba mal. Que el espacio que se abría para decantarme por una opción u otra era lo suficientemente claro como para no caer en duda alguna. Para no errar. No es cierto. Hay determinadas cuestiones que son fáciles de solventar: o se es del Real Madrid o se es del Barcelona, fumador o no fumador, rubio o moreno (vale, esto viene ya de fábrica a no ser que tiremos de tinte). En cambio hay otras donde el paso de lo acertado a lo falible es muy corto, donde no hay claridad ni muchísimo menos, donde uno va avanzando dando palos de ciego y sale lo mejor que puede, medite o no medite, que igual da. El caso es que cuando todo lo que tienes en este mundo es un martillo, todo se te vuelven clavos, y de ese modo, cuando estás embarazada lo único que ves en el mundo son barrigas y si separada, lo más habitual es topar con personas que están pensándoselo (y te consultan, y se fijan), o que están en ello. Como es natural, también hay un período en el que no ves una sola pareja feliz, y si la ves, está verde como las uvas. O lo que es lo mismo, “algo tendrán, porque en todas partes cuecen habas”. Vamos, que uno mismo se niega que exista la felicidad que acaba de negársele, naturalmente (aunque después, con el tiempo, vayas recuperando la fe).

A las personas que están en proceso de separación sólo se les puede observar de lejos. No es conveniente acercarse demasiado. Es un período personal, un reto del que hay que salir airoso por el propio pie. Cuesta, pero se sale. Se sale estupendamente. Yo recuerdo cuando estaba a las puertas de hacerlo y sentía un nudo en la garganta, un nudo que apenas me dejaba hablar. “¿Voy a tirar por tierra lo que tanto me ha costado levantar, sólo porque no soy tan feliz como me gustaría ser?”, “¿Y si espero un poco a ver?”, “Volver a empezar… “, “Y ¿cómo lo tomarán los niños, tan pequeños?”, “¿Qué dirá mamá, qué dirán todos?”, “¿Qué estoy haciendo aquí?”, “¿Dónde voy a ir, si total, todo será igual y más vale malo conocido…”. Son muchas las preguntas que resbalan un día y otro dentro de las zapatillas de estar por casa. Te las pones y parece que estás calzándote dos losas, dos yunques, dos plomos. Dos miedos como dos catedrales.

Pero no es éste amigo de hoy, no, ni el primero ni el último de los que veré padecer por decisiones semejantes, pasando un miedo atroz y costándole la vida decidirse. Yo les tomo la mano, sonrío y les pregunto: “¿Cuántos años tienes?”, responden, “tantos”, hago una resta mental deduciéndole éstos a lo que dicen los expertos que andamos durando y al contestarle, “te quedan –equis- años de vida” acaban también sonriendo.

Y es que la vida es algo más que mantenerse, que durar. Es caerse, arrodillarse, hostiarse, creerse muerto. La vida está llena de golpes que dañan y que hacen dudar. Repleta de momentos donde uno quisiera no estar en su pellejo y tomar el del primero que se le cruce. Hay cantidad, pero cantidad de circunstancias en las que sería mejor cerrar los ojos y descansar para no pensar, para acallar a la voz que llevamos dentro. La vida es de común, bien puta. Pero si hay algo que sí tiene, siempre según yo y nadie más, es que, a pesar del destino y de lo que nos depara, nos da cierto margen para tomar las riendas y poder decidir qué, quién, cuánto, cómo. Cuándo. A veces el cuándo es inmediatamente, es ya. Debió ser ayer. A veces aprieta, pero nunca ahoga. Por eso hay que saber, es importante saber, que por muy mal que parezcan ir hoy las cosas, hay una oportunidad para ser feliz. Que no caduca. Que está ahí. Quieta. A veces llamando a nuestra puerta a gritos y otras, saliendo por detrás de todas las cosas y las personas haciéndonos guiños. Desesperados o juguetones. Guiños. Incluso es posible que de puro equilibrio, no la veamos jamás. El miedo a separarse no es más que un miedo al cambio, pero ¿qué tiene de malo un cambio si donde estamos no somos más que un mar de dudas y de agonías? ¿qué más podríamos perder? ¿qué? ¿qué tiene de malo darle cancha a la oportunidad y probar? ¿Que no está claro? ¿Que hay que liarse la manta a la cabeza y atravesar el desierto sin cantimplora?

Volvemos a lo mismo, ¿tú cuántos años tienes?
Viernes, 11 de Febrero de 2005 22:46. [ + ]. Tema: Con el dedo en alto Hay 13 comentarios.

San Valentín, yo no te olvido

rt0113a6657290.jpgVamos a ver, ¿no estamos todos (y cuando digo todos, no quiero decir otra cantidad salvo la que digo) detrás del triunfo del amor, de la pasión, del happy-ending? ¿no nos gustan los finales felices más que el jamón serrano? ¿los poemas de amor: Neruda, Bécquer, etc.? ¿No alardeamos de tener un corazón en el pecho? Pues si es eso así, y somos de los que lloramos viendo las películas con finales psicológicamente satisfactorios para nuestro sentido y nuestra sensibilidad, si eso es así, digo, ¿por qué no nos emociona igualmente que el príncipe Charles y Camila puedan, después de una barbaridad de años de esperarse y amarse a escondidas, casarse y vivir juntos para divorciarse tirándose los trastos a la cabeza dentro de siete u ocho años como todo el mundo? ¿Pero qué tienen estas criaturas que no tengan Solal y Ariane? ¿Romeo y Julieta? ¿Qué ella es qué? ¿Qué ella es fea? ¿Quién ha dicho que esa mujer sea fea? Y si lo fuera (que yo no lo creo), ¿no tienen los feos derecho a enamorarse? ¿Qué pasa, que los finales felices, los príncipes y la sangre real son sólo para guapos? ¿Pero es que no son seres humanos igual, los feos digo, y no merecen ser felices como, cuando y con quien les dé la Real? (¿a que todos éstos argumentos parecen tan obvios que es absurdo recordarlos? Pues va a ser que no.)

Cada vez que leo en algún medio de comunicación lo fea que es esa señora, se me van las pantorrillas al techo. ¿Cómo es posible que a estas alturas, en los medios de comunicación serios y naturalmente en los frivolones, se eleve a sorna y cachondeo el aspecto físico de alguien? Me parece vergonzoso. Me indigna seriamente. Sólo tengo que ponerme en el pellejo de esa señora e imaginarme enamorada de un señor (porque una se enamora del señor, no del príncipe de Gales) inconveniente, casarme con otro amándole a él, llevarle en el corazón un infarto de años, verle casado por obligación con una mema (que en paz descanse, pero lo era), hacer el paripé un día detrás de otro, un año detrás de otro cuando lo único que me importa es nuestra felicidad, la suya, la mía, y verle enviudar, tener que mantenerme en segundo plano, siempre detrás, segundona a los ojos de todos (aún sabiéndome primera, única y última para quien más me importa) escuchando los comentarios de los demás ¡encima! sobre mi imagen y la poca justicia que hace a lo que siento (y no sólo de boca en boca en mi propio barrio que ya sería un horror, no, ¡en el mundo entero! ¡en los medios de comunicación del mundo entero!). ¿Qué? ¿Le metemos un enfermo a la historia para hacerla más triste todavía?

En fin, esa señora a estas alturas (como cualquier señora en sus circunstancias, porque quitando el título ésto le puede pasar a todo el mundo), sin ningún obstáculo que le impida que ese señor sea al fin su tampax, debe sentirse feliz y andará curándose poco a poco las heridas que la vida haya dejado en su corazón, y yo la felicito, y la comprendo y si me apuran, hasta la envidio. Me ha alegrado el día de San Valentín y a muchos les ha dado con la puerta en las narices. Bien que me alegro. Ojalá y por muchos años.

Y de fea nada.
Domingo, 13 de Febrero de 2005 19:24. [ + ]. Tema: Con el dedo en alto Hay 45 comentarios.

Sin comentarios

h7731_m.jpgEsta mañana cuando salí a barrer el patio, me encontré con una de mis macetas padeciendo. Ayer mismo estaba estupenda, así que un cambio semejante sólo puede ser una señal de algo (un algo no necesariamente malo), de un cambio. La cogí, pobrecita, y la puse sobre el pollo de hornilla —o la encimera, o el pollete, o como se le quiera llamar— y a pesar de que le ha estado dando el sol, y le he hablado una barbaridad y hasta he puesto a los crios a hacer la caligrafía y los deberes cerca (con lo que hablan), la maceta sigue perdiendo hojas. Apoyas el dedo en una y ¡plof!, se va al suelo.

Siempre he tenido la absoluta certeza de que las cosas también tienen vida (pero vida, vida; vamos, que sienten, piensan y padecen). Los libros, por ejemplo, se colocan como mejor les conviene en los estantes. Reconozco que a veces me siento tentada a colocarlos por orden alfabético, pero me da cierta pena imaginar que muchos de ellos vayan a perder sus pareja de lomo (que es como se llaman entre ellos, supongo), para no volver a encontrarse nunca más a no ser que algún pariente venga y ojeándolos, aprovechen la ocasión para recolocarse a placer. Si el destino (y ellos, y ellos) ha querido que vayan cayendo tal cual están, será por algo. Cervantes entre Coetzee y Cortázar debe significar algo, lo que pasa es que todavía no me ha sido dado saberlo (esta expresión es de chalada total).

Y los muebles. Los muebles también me acompañan, en silencio, desde hace muchos años. El día que me reencontré con ellos cuando me los devolvieron del guardamuebles, uf. Ese fue sin duda alguna uno de los momentos más importantes. Cuando se fueron los de la mudanza una vez hubieron montado la casa y quedé aquí, en silencio, rodeada de lo mío, reencontrándome con todo y tocando largo rato cuanto caía en mis manos: fotografías, manteles, toallas, cojines, libros infantiles, los míos, las ecografías de los peques... vi ponerse la última pieza del puzzle, chas. En su sitio. Recuerdo que esa misma noche, mi hermana M. llamó por teléfono por si yo necesitaba que se quedara conmigo a dormir, por si me daba miedo estar sola en el edificio. ¿Miedo? ¿Quién dijo miedo? Sentía a mi alrededor tanta calidez, sentía tanto agradecimiento por el reencuentro "tranquilos, ya estoy aquí otra vez", que era imposible que me pasara nada. (La cosa es que después me moría de miedo y me arrepentí de no tomarle la palabra, porque todo eran ruidos desconocidos. Vamos, un horror. Tardé en acostumbrarme a estar aquí sola con los peques justo, justo, hasta que se mudó otro vecino. Ese día dormí a pierna suelta y hasta hoy)

El caso es que la maceta está fatal y aquí antes sucedió un mini-desastre (que bien pensado...). Yo atribuí el cambio de su aspecto a eso, al error que daba el blog (aunque para la buena marcha jamás debí pensar que se debería a eso, tan nimio y tan tonto). Pero se arregló, y me levanté a ver si ya había dejado de padecer y no, siguen cayendo hojas. Así que lo que quiera que sea todavía está por pasar, o ya le está pasando a alguien que está cerca. Y no debe ser moco de pavo porque así porque sí no se les caen las hojas a mis macetas.
Martes, 15 de Febrero de 2005 01:27. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 18 comentarios.

Porno-trágico IV

Dejamos la mesa y nos dirigimos a un rincón del despacho en donde, en torno a una mesilla se encuentran un sofá de dos plazas y un sillón enfrentados. Me hace sentarme en el sofá y, permaneciendo de pie, empieza a hablar.
No voy a entrar en demasiados detalles técnicos, pero el AMS hace tiempo que dejó de ser una leyenda urbana para convertirse en una realidad en forma de droga sintética basada en el funcionamiento de las feromonas. Ya has podido comprobar los distintos efectos que produce en hombres y mujeres. No voy a contarte nada sobre los procesos inconscientes que se desarrollan a nivel neuronal, pero la mayor parte de los bloqueos racionales son superados por el efecto del AMS liberando los instintos del cerebro ancestral. Muchos de esos bloqueos permanecen para preservar la integridad de los individuos y se supone que es causa del desmayo de los sujetos varones y preserva, aunque no siempre es posible, el equilibrio mental de las mujeres expuestas a la droga. En fin, todo esto es palabrería. El producto está aún en fase de experimentación.
Abro los ojos desmesuradamente. Control no puede dejar de notar mi asombro.
Sí, dice, la Corporación es el fabricante. Una oscura factoría en un ignoto país con una política magnánima para con las empresas que pagan generosamente. De que forma Puerco se hizo con el producto no tiene importancia ahora.
Todo esto parece bastante fantasioso, digo, no he visto en la grabación nada que me indique que se están empleando drogas. Parecía otro tipo de...
Puerco es especial, me interrumpe Control. De alguna manera es inmune al AMS. La forma normal de administrar la droga es por inhalación cuando se la hace calentar. Puerco no podía introducir el material sin que fuera detectado en la aduana, que estaba alertada. Lo que no podíamos suponer es que Puerco se impregnaría el cuerpo con la droga gracias a su inmunidad. Ya has visto su extraña indumentaria, herméticamente cerrada para evitar las fugas.
Mi mirada expresa incredulidad. Hay en toda la historia algo que no cuadra. Control sonríe levemente.
¿Quieres una demostración?
Las pupilas se me dilatan involuntariamente. Me pongo rígido en el sofá.
No conmigo, dice ella francamente divertida.
La puerta se abre de nuevo y en completo silencio entra la secretaria.
Adelante, Irene, acérquese, por favor, dice Control. Siéntese. Usted es una empleada modélica y sé que puedo confiar plenamente en usted. Por muy extraño que le parezca lo que va a desarrollarse en esta habitación, le ruego que permanezca sentada en el sillón y no se mueva. Si lo prefiere, empleando un lenguaje que no es habitual entre nosotras, le ordeno que no se levante del sillón bajo ningún concepto.
La mujer asiente con la cabeza y se sienta alisando su falda, en el borde del sillón, con la espalda recta y las rodillas juntas. Tengo un ligero atisbo del final de sus medias y me fuerzo a mirarle al rostro. Sonrío amistosamente pero me encuentro ante el muro de su indiferencia, de su mayestático silencio. Control pone en la mesilla una especie de incensario. Me da una mascarilla simple que se adapta con un par de elásticos tras la cabeza y una varilla metálica que debe presionarse sobre la nariz. Con eso bastará, dice mientras se pone una mascarilla idéntica. Vierte una sustancia oleaginosa en el incensario y prende una pequeña vela que calentará la sustancia. Control se sienta ladeada en el sofá, una pierna cruzada sobre los cojines y la otra estirada hasta el suelo, de forma que le basta inclinarse hacia mí y decirme al oído que debemos esperar.
Esperamos. Me siento como un estúpido contemplando la hierática inmovilidad de la secretaria. Del incensario brota un tenue hilillo de humo, pero no ocurre nada. La mujer permanece imperturbable hasta que un ligero espasmo sacude sus brazos. Sus manos se aferran a los brazos del sillón y su cuerpo se inclina ligeramente hacia atrás. Junta las rodillas con fuerza y sus hombros empiezan a temblar a causa de la tensión. Deja caer su espalda sobre el respaldo del sillón al mismo tiempo que sus piernas se abren. Se desliza hacia abajo haciendo que su falda suba por encima de sus muslos. Ahora puedo ver sus medias, el liguero que las sujeta, la tenue tela de sus bragas que emiten un brillo orgánico. Desanuda su blusa y deja que sus manos acaricien todo su cuerpo, de sus senos hasta sus piernas. Su cabeza se inclina hacia atrás. Una mano se introduce bajo la braga mientras la otra amasa febril uno de sus pechos. De pronto incorpora su cabeza y sus ojos se fijan en los míos, un brillo de una lubricidad casi animal domina su mirada mientras sin apartar la vista se arroja de rodillas al suelo y avanza hacia el sofá. Se acerca felina y lentamente mientras yo me echo hacia atrás. Su cabeza se acerca a mi entrepierna dominada por una irreprimible erección.
Es suficiente, dice Control, y con un gesto rápido coloca en el rostro de la secretaria otra mascarilla. Por un momento la mujer parece seguir en su empeño, pero Control coge su cabeza acariciándola el pelo. Ya está, Irene, no se preocupe, ya pasó, murmura con la cabeza de la mujer en su regazo. Sin dejar de acariciarla el pelo, los hombros, la ayuda poco a poco a recomponer su vestimenta. La mujer parece recuperarse poco a poco hasta que recupera su flemática indiferencia. Muchas gracias, Irene, puede retirarse. La secretaria desaparece en silencio mientras arregla su ropa sin dirigirme ni una sola mirada. Control, me mira. ¿Convencido? No puedo responder. Control se acerca a mí. Vaya, ¿qué te ocurre? ¿No te ha gustado? ¿Pareces bastante dispuesto? Torpemente respondo, prefiero que estas cosas sean de mutuo acuerdo. Bien, dice Control mientras se levanta y empieza a rebobinar la cinta, entonces voy a explicarte lo que falta de la grabación. Estirando de mis manos me levanta del sofá. Pega su cuerpo al mío, mete la lengua en mi oreja y explica.

Señoras y señores, quiero agradecerles la atención prestada hasta el momento. Espero que estén disfrutando leyendo, tanto como yo lo estoy haciendo escribiendo. Pero es mi obligación hacerles una importante advertencia, lo mejor, lo mejor está aún por llegar. De todas formas pueden ir ustedes aventurando hipótesis sobre como terminará esta historia.

Miércoles, 16 de Febrero de 2005 16:04. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 11 comentarios.

Tío Pedro, vestido de domingo

burroughsface.jpg

La puerta este de los grandes almacenes estaba abarrotada. La gente se apresuraba en correr a izquierda, a derecha, al frente, no sabía. Se movían con la masa, agitándose al compás del palpitar de las ventas. Cuanta más caja se hacía, más se sacudían; el negocio producía este efecto en sus clientes, en los viandantes y peatones que circulaban de forma casual por la manzana y que también aceleraban el paso conforme se incrementaba el número de consumidores satisfechos. Clink, clink, ¡cash! Entre las cabezas morenas, rubias, castañas, canas, calvas, de entre todas, una mano se levantaba en un extremo del tumulto y una segunda le indicaba del otro: estoy aquí, y ambas dos se volvían a sumergir en el gentío, reencontradas, localizadas y resueltas a unirse. Pues bien, a tío Pedro, vestido de domingo, le pertenecía una de esas manos y a paso ilusionado salvaba la distancia de punta a punta.

Tío Pedro era un señor bajito, de pelo negro y bigote insuficiente. No se podía decir de la pelusa que llevaba bajo la nariz que tuviera tal abundancia como para llamarse bigote, pero claro, qué remedio, de algún modo había que llamarle. Él se lo rasuraba manualmente con la cuchilla de pelar, y en esa milimétrica tarea invertía las mañanas de su jubilación. Ya por la tarde se dedicaba a pasear con su esposa Agonías, mi tía Agonías que en paz descanse, y juntos hacían siempre el mismo recorrido, sin salirse ni una losa, desde la puerta de su casa hasta el templete del parque, ida y vuelta. Dos veces. Uno podía llegar a cuestionarse por qué no iban más lejos en lugar de caminar dos veces hasta el mismo punto, pero no se podía esperar de esa pregunta una respuesta satisfactoria. Ellos salían más a lucirse que a otra cosa, y por lo tanto, hacerlo por el centro de la ciudad paseando del brazo a la vista de todos sus conocidos, tenía mucho más valor, donde iba a parar, que llegar más lejos, que total para qué, si a mitad de camino le podía dar una rampa a tía Agonías e igual tenían que volverse fastidiados, vaya usted a saber si desde la otra punta de la ciudad. Natural.

El caso es que a pesar de la vida que llevaban, tan tranquila, o precisamente por eso, tía Agonías se murió de repente. Una mañana de primavera mientras tío Pedro estaba en el baño dándole y dándole al peine y a la cuchilla, ella decidió sentarse en el balcón a tomar un baño de sol mientras le subía la presión a la exprés y así fue como la encontró cuando a eso de la una salió desmayadito de hambre para preguntarle por la comida. Con la cabeza echada hacia detrás y la boca abierta, como dormida. Tío Pedro, espantado, se echó sobre su regazo para no verla muerta. La vida no iba a ser nada fácil a partir de entonces, no, no, de eso se dio cuenta enseguida. Hasta ese día tía Agonías se había ocupado de todo, y él, tras dejarles la tienda a los niños, a lo único que le había sacado punta era a su bigote. Lloró. Al principio porque se le cayeron las lágrimas solitas, sin brío, involuntarias, por haber pensado en sí mismo antes que en ella. Después porque olió a quemado en la cocina, y se incorporó y corrió a apagar la hornilla y haciéndolo, ahí sí, lloró con mucho dolor porque ella no hubiera querido que se le pegara la olla. Ay, la pena de tío Pedro caía sobre la tapa inflamada y se evaporaba casi al instante, ssshhhh, ssshhhh. Ssshhhhh.

Al tío Pedro después del entierro le sobraba gran parte del día y apenas sí se las apañaba solo. El pelo, o la pelusa, o lo que quiera que fuera que le crecía sobre los labios, seguía saliéndole ajeno a cualquier ruptura y provocaba, ya con mucha pereza y muy de mala gana, que el hombre siguiera pasándose la mañana asomado al lavabo girando la cabeza a ambos lados una vez y otra, retocándose. Por la tarde se vestía y se sentaba en el sofá, en la punta, balanceándose hacia delante y hacia detrás, sin atreverse a salir para finalmente soltarse el nudo de la corbata y pasar al dormitorio con la cabeza gacha, farfullando contra sí mismo. Para cuando se quería dar cuenta se hacía de noche, y como ya era tan normal se la pasaba mirando hacia la ventana, echándose cuentas y pensando en lo triste que sería caminar por el centro, pasando por delante de todos sus conocidos, solo, cuatro veces por las mismas losas o si no, nada, que también tenía su aquel, y que él para qué iba a hacerlo, que qué necesidad había de pasar por ese trago si total aquí en la casa tenía de todo y para qué darle más vueltas. Natural.

Pero una madrugada saltó de la cama y se puso las zapatillas de estar por casa. Bailándole los pies se acercó al armario ropero y vistió su mejor traje. Después salió por la puerta de casa en dirección al centro, canturreando y sintiendo gran alivio, caminando ligero. Ilusionado. Como ya se dijo, la puerta este de los grandes almacenes estaba abarrotada. Ya se vio que la gente se apresuraba en correr a izquierda, a derecha, al frente, sin saber. Que se movían con la masa, agitándose al compás del palpitar de las ventas. Y que entre las cabezas morenas, rubias, castañas, canas, calvas, de entre todas, una mano se levantaba en un extremo del tumulto y una segunda le indicaba del otro: estoy aquí, y ambas dos se volvían a sumergir en el gentío, reencontradas, localizadas y resueltas a unirse. Pues bien, esa mañana tío Pedro y tía Angustia se encontraron nuevamente y se abrazaron, él la besó, ella se dejó besar y juntos del brazo cogieron la avenida Reina Victoria, por sus losas de siempre, mientras él le aclaraba que la olla, no había que preocuparse, la había dejado en remojo, y que había que ver qué montón de gente, que claro, siendo rebajas, pero que ya no respetaban la derecha, que vaya maneras y que menos mal que ellos no tenían prisa para volverse. Natural.

Jueves, 17 de Febrero de 2005 17:01. [ + ]. Tema: A golpe de tecla Hay 2 comentarios.

Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles (3)

gmail.jpg
Water-closet sugerido por Egonauta,
modificado en su origen para incorporarle planta de proceso optimizado para el tratamiento de correos, incluidos e-mails.

Particularmente útil para las discusiones y/o afrentas de primer orden en los foros cibernéticos.
Con un golpe de sifón, este fa-bu-lo-so artilugio, hace que toda desavenencia acabe haciendo glú-glú...
Viernes, 18 de Febrero de 2005 19:02. [ + ]. Tema: Adminículos caseros im-pres-cin-di-bles Hay 7 comentarios.

Torcidos por excelencia

Yo aún le veo, ¿sabes? Y me duele (“mírale, qué delicia”). Puedo sentir su piel gritando y queriendo cruzar a este lado, puedo sentirlo. Le oigo hablar e intento mantener la atención en el entorno, cuerda y lógica en otras cosas. Si me quedo escuchándole retrocedo unos años y me veo frente a él, como el primer día, con la misma alegría. Igual (“¡se ha fijado en mí! ¡en mí que no soy nada!”). Le he querido tanto que me dolía, que temblaba sabiendo que sería imposible, pero así y todo amándole y llorando cuando no me veía, amándole y llorando a escondidas con la risa en la boca y el ojo pegado, aprovechando lo que sabía sería un regalo y un paréntesis que ni la lotería (“Dios mío”). Tomaba lo que podía darme y nunca pedía nada. ¿Para qué? ¿Me hacía falta algo más que él me mirara, que se fijara en mí? Eso ya era bastante, en realidad era todo. Venía, se ponía a mi lado, me dedicaba su tiempo, me amaba. Y yo lo veía caer todo. Mi alrededor, mis dudas, mis prejuicios. Todo se caía al paso de sus manos sobre mi cuerpo. Le quería, cuánto le quería. Observarle era mi placer. Observarle sabiendo que era a mí a quien amaba a pesar de estar en otra casa, con otra mujer. Era en mí en quien pensaba. Era conmigo con quien soñaba. Conmigo. Yo era su refugio, venía a mí, a mi regazo, y se restregaba oliéndome el tiempo suficiente hasta que se daba cuenta de que estaba a salvo, que aquello era todo suyo. Que debía serlo. Incluso hoy, cuando se me acerca, llega suave y llega despacio, sabe que entra en lo suyo, en lo cómodo, que estará bien. Sin avasallar, sin abuso. Él no sabe lo que es eso. Llega y le cambia el gesto, se le suaviza, pero sabe tan bien como yo que no debe retomar, que no se puede profundizar ni se debe (y aunque lo hubiese olvidado todo, no importaría, porque yo no necesito que él me quiera, nunca lo necesité para amarle), pero está en sus ojos y en los míos, estar está. Él es el Tigre, el mismo que desgarró mi cuello con sus garras. Un tigre de ternura entre mis brazos. Yo no sabía que se podía llorar de felicidad, ni golpear el suelo de rabia. No sabía que dolería tanto y que no lo dejaría morirse jamás, que tendría ganas de vomitar el corazón, mirarlo, plantarle cara, obligarle a olvidar. Qué olvides. He dicho que dejes de dolerme. No. No lo sabía. Si lo hubiera sabido no hubiese importado, era ya tarde, siempre lo era, estaban sus ojos y sus manos que querían tocarme y pasar por encima de todo. Estábamos los dos, pequeños, solitarios, protagonistas de un movimiento de leve intensidad, mayúsculos en el amor (“no olvides nunca las noches que nos amamos”). Así que lo único que deseaba era que me abrazara y me dejara llorar en sus brazos. Sólo quería que él me quitara el dolor, que volviera (“correría hacia ti, pequeña”). No pudo ser (“a veces no basta con desearlo”). Cualquier abrazo me venía bien. Tardé dos años en dejar de llorar al pensarle, dos. Así que déjame que te abrace que no te vendrá mal, y maldice tu suerte y maldícete a ti misma por tu mala cabeza y por tu idiotez. Y cuando te sientas ridícula avisa, que sonreímos y nos volvemos otra vez al mundo, a empujar un rato hasta que se te acaben las fuerzas, que aquí estaré. Sigo viéndole y sé lo que estás pasando. El amor, cuando es del bueno, ni siquiera tú podrás matarlo. Acostúmbrate al dolor y aprende a llevarlo. Es lo único suyo que te ha quedado.

Sábado, 19 de Febrero de 2005 15:30. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 12 comentarios.

La alta tecnología y servidora

forges.jpg"Ha tres noches, lalá, que no duermo, lalá, de pensar en mi pollito, lá-lá"

No, no era ésto lo que quería contar. A lo que vamos. Lo que yo pretendía era levantar, romper y después colgar en una pared del salón, una lanza por todo el que como yo no sabe usar una grabadora (ignorancia que hago extensiva a cualquier otro hardware y software de reciente incorporación al mercado informático). Sí, ese artefacto del demonio que te instalan diciéndote que es prácticamente imposible no saber usarlo a la primera ("yo ahora me voy, pero tú ves bajándote este programita que cuando lo leas, pin-pan pin-pan, ¡lo coges al vuelo!"), que viene con un manual para imbéciles, y que una vez probado y vuelto a probar, y requeteprobado hasta haciendo el pino puente, una no consigue utilizar.

El caso es que estudié algo de ésto, debería defenderme mejor. Pero no. No acabamos de llevarnos bien. Cualquier novedad que vaya a incorporar a mi ordenador me conduce a infinitos bucles de los que aprietan más que una faja, ¿debería encomendarme a algún santo? (verás tú como va a ser eso). Me pierdo, tecleo una unidad por poner algo, una carpeta por decir una, un programa por no callar. Como con la grabadora, igual: "sí, bájate el Nero, ¡pero si está tirao!", sí, estará tirao pero para el personal de la NASA, coño, que hay que ver. Que si Video, Video RS, o NR, o no sé. Que si grabar Datos, o extensión .avi, o .rar o .obd o .leches. Esta cosa no se funde conmigo, somos como el aceite y el agua, ya le he dedicado al asunto más de un mes y aún soy incapaz de cambiar la extensión de una película (mucho menos de grabarla) ¡Robertokles que te veo! (se está riendo, se está riendo, grrrrr) Lo peor del caso es que la culpa es mía. ¿A santo de qué permitir que el que me la instaló saliera pitando sin hacerme una demostración de las maravillas del cacharro? Pero qué voy, ¿de sobrada? Pero Rosa, hija mía, la próxima vez si hay que atar a alguien o parecer lo que eres (gilipollas, lo que soy es gilipollas), a ver si nos vamos enterando, lo haces.

He estado en casa de mi hermano viendo como él la usaba. En la de mi hermana con mi cuñado. No babeé porque está feo ¡Allí obecede, achanta, hace sus funciones, dobla el lomo! Pero no, aquí ni de coña, porque cuando llego a casa la muy tiene comandos de los que ellos carecen, y un simple "Examinar" echa al traste todo cuanto ya sabía. Una odisea, ríase usted de Homero. Y por cierto, ¿qué le pasa al idioma español que no está en ninguno de estos programas? ¿Pero a quién hay que reclamar, mandar a tomar por hichi o meterle la grabadora por la oreja?

Me rindo. Ahora mismo quemo la caja de cedés vírgenes y las fundas que tenía preparadas para las películas. Si ya lo dijo Einstein: "El tiempo existe para que las cosas no pasen todas a la vez", y se ve que a mí aún no me ha llegado la hora de controlar esta histeria.

Por supuesto, ésto que no salga de aquí, tengo una reputación que mantener.
Sábado, 19 de Febrero de 2005 14:51. [ + ]. Tema: Con el dedo en alto Hay 10 comentarios.

Hoy vamos a recoger las gafas de A.

Tengo dos hijos, son pequeños. Uno, P. es aparentemente más fuerte y más lanzado, cumple nueve años dentro de quince días. Tiene unos ojos azules que da gloria mirar y es guapo, muy guapo. A veces lo miro y me parece mentira haber parido una criatura tan perfecta. Su cuerpo, sus posturas, su forma de trabajar, de relacionarse. Es competitivo y espléndido. Todas sus etapas han sido fabulosas de observar, todas, ha sido un bebé muy bueno, siempre se ha portado bien aunque tiene genio, y mala baba. Poca, pero tiene. Por eso parece más fuerte y más lanzado y por eso todos creen que necesita menos atención.

Después nació A. —mi chiquitín de mi A.— que acaba de cumplir siete años. Sus ojos verdes son tan brillantes que cuando te mira fijamente te haces un charquito. Es también muy guapo, mucho, pero es aparentemente más débil y menos lanzado. Su abuela me dice que no es que sea cobarde, es que es muy prudente (todo es cuestión de matices). Mirándolo me doy cuenta de lo que significa tener a una buena persona en casa, cómo crece una buena persona, un ser noble. Lo es. Es incapaz de guardarle rencor a nadie, carece de mala leche y tiene la sonrisa más bonita que haya visto nunca. A veces lo encuentro mirándome, mientras vemos una película o jugamos a cualquier cosa. Me sonríe y cuando ve que le pillo, todavía es capaz de estirar más la sonrisa. Es increíble.

Pero como casi todo en esta vida, la realidad es bien distinta. P. el fuerte, es más débil y necesita mucha más atención que su hermano pequeño. Lo sé porque lo veo, a veces titubea, duda. Y su hermano pequeño, es más fuerte de lo que parece, incluso más que el mayor. Así que cuando la familia se ha enterado que hoy recogemos las gafas de A., casi todos han prometido matar al primero que se ría de mi chiquitín en clase (son sólo para la pizarra y para ver la tele), y que pobrecito, y que hay que ver; pero yo sé, porque lo sé, que A. es muy listo, y si su mamá ahora le dice que las gafas le hacen falta, que cuando las lleve habrá quien se dé tortas por asomarse a verle esos ojos tan bonitos, que se parece a Harry Potter (vale, en rubio), que los que se rían de él me los anota en un cuaderno que ya sabrán lo que vale un peine y que él no se despeine, que mamá y todo el que le conoce le quiere con locura y todo seguirá como siempre, tan así como ahora, y que unas gafas no cambian nada… él sacará pecho y el estuche de sus gafas con orgullo, sonriendo, y se pondrá a trabajar tan pancho. Como es él.

Gracias a Dios, a P. no le hacen falta gafas.

Lunes, 21 de Febrero de 2005 12:03. [ + ]. Tema: Visitas paganas al hogar Hay 13 comentarios.

Porno-trágico V

Así los dejamos recuerdas, me murmura en la oreja. Puerco estaba completamente desnudo y la agente empezaba a desabrocharse la blusa. Me ordena desnudarme con los ojos brillantes, desabrochándose la camisa tras arrojar la chaqueta al suelo. Cuando termino empieza a restregarse contra mi pierna de forma que poco a poco su falda va subiendo. Pasea la punta de sus uñas por mi glande enrojecido. Rojo sobre rojo, fuego sobre carne. Se aparta un momento de mi lado y pone en marcha el video. Las imágenes parecen mostrar nuestra anterior posición que Control no tarda en reproducir. Vuelve a restregarse sinuosamente sobre sus altos tacones contra mi cuerpo, dejando que la falda se arrolle en su cintura. Debía haber programado este momento pues no lleva ningún tipo de ropa interior. Empieza a hablar mientras nos sincronizamos con la grabación como si la conociera de memoria:

Así, la agente se frota contra Puerco y su lengua busca su oreja, ¿lo ves? (Coge mi mano) Yo te indicaré. Espera, deja que chupe tu dedo primero. Puerco busca las nalgas de la agente, así, y su dedo, (...) así, más dentro, y la levanta hasta que sus pies no tocan el suelo, (...), la mujer estira su mano y coge fuertemente el miembro de Puerco, vaya, no es lo mismo, pero tampoco desmerece,... para un ser humano quiero decir, lo estira como si quisiera arrancarlo, quiere morderlo, pero Puerco la tiene inmovilizada en el aire, levántame más, más, ahora introduce otro dedo, otro, (...), la mujer está desquiciada, ¿ves?, (...), Puerco amasa violentamente el pecho de la mujer con su mano libre haciendo que esta se arquee en el aire, (...) ella debe soltar el miembro de Puerco, no puede alcanzar con su mano aquella promesa que debe explotar en sus entrañas. Entonces Puerco extrae sus dedos liberando su presa, (...), y sin dejar que toque el suelo, la sujeta por las nalgas con ambas manos la voltea en el aire e introduce su asqueroso hocico en el sexo de la mujer, (...), y... eso... permite... que la agente... pueda coger... aquella monstruosidad que golpea su rostro, (...), vale, vale, espera, ahora Puerco deja a la mujer en el suelo y la inclina hacia delante levantando sus nalgas, recuerda que ese cerdo es cualquier cosa excepto un caballero, (...) veo... que... has... entendido... (...), la mujer, llora, ¿ves? aquello es monstruoso pero se retuerce de placer (...) siente el dolor incrementando su placer (...) sigue, no duele (...) duele (...) basta, basta, grita mientras su cuerpo niega sus lamentos (...) ahora dame la vuelta como hizo Puerco (...) así (...) sigue hasta que pierda el conocimiento, y sigue más, y sigue hasta que caiga exhausta, desmayada, desmadejada (...)

Me senté en el sofá mientras Control imitaba la última postura de la agente en el suelo, expuesta, vulnerable y al mismo tiempo retadora, exhibiendo su triunfo. Luego giró la cabeza y me miró inexpresiva. Nos vestimos en silencio. Dicen que el hombre es un animal triste después del coito. No sé que aspecto tenía en aquel momento, ni si parecía triste, lo único que puedo decir es que mi cabeza funcionaba mucho más deprisa de lo normal, como si librándome de la tensión sexual hubiese alcanzado un instante de total comprensión. Toda aquella situación no cuadraba en absoluto. Había en todo aquel caso muchas cosas que no se me habían dicho, información que habían decidido que yo no necesitaba conocer. Todo lo ocurrido en aquel despacho formaba parte de una actuación organizada encaminada a desviar mi atención de aspectos fundamentales del caso. Y si Control parecía haberse entregado gratamente a aquella representación no era tan sólo por intereses personales. Tenía la sensación de que estaban jugando conmigo, de que no era más que una marioneta dirigida por unas manos invisibles.
(...)

Señoras y señores, espero que sepan disculparme esta interrupción de las divagaciones del Ejecutor, a la que me obliga una disyuntiva insalvable. Si bien es cierto que a la literatura no se le exige necesariamente ningún punto de contacto con la Verdad, no es menos cierto que todo relato debe asumir un compromiso de Verosimilitud. Pero llegados a este punto no tengo más remedio que intervenir. No es mi intención desacreditar la faceta de narrador contraída por Ejecutor, pero, y admitiendo ante ustedes que obra en mi poder el manuscrito completo de sus andanzas, debo avisarles, no sin cierta compunción, que, a priori, es imposible que la parte final de lo narrado hasta ahora sea cierta. Ejecutor rompe la regla de la Verosimilitud llegado a este punto, y no precisamente porque sus proezas sexuales, las contadas hasta ahora y las por venir, incumplan ese requisito. Es cierto que el género de la fantasía erótica está, para algunas personas, muy alejado de la Verdad, pero me consta que no incumple con la Verosimilitud. Sin embargo los razonamientos producidos por la tristeza postcoital obedecen a otro tipo de condicionantes como más adelante podremos descubrir, condicionantes que impiden de cualquier manera que Ejecutor sea consciente de la lucidez especial que le ha producido la “liberación de la tensión sexual”
Así que, señoras y señores, me van a permitir que, en aras de la Verosimilitud, a partir de este momento, personal y omniscientemente, me haga cargo del resto de la narración.
Atentamente:
El autor.

Miércoles, 23 de Febrero de 2005 15:29. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 2 comentarios.

Truman Capote, "Desayuno en Tiffany's"

amelie.jpg

No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.

Miércoles, 23 de Febrero de 2005 15:29. [ + ]. Tema: Retales sueltos Hay 15 comentarios.

Ahora que ya no lo leerás: Alberto Cortez, "Te llegará una rosa cada día"

34.jpg
Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia,
y será tu silente compañía
cuando a solas te duela la nostalgia.

Te llegará una rosa cada día
augurándote tiempos de venturas,
compañera total del alma mía
propietaria de toda la ternura.

Quisiera ser un mago fabuloso
para trocar las rosas por estrellas,
dejarlas en tu almohada sigiloso
que iluminen tus sueños todas ellas.

Te llegará una rosa y la mañana
será para "vivirla" entre comillas,
tu alma escapará por la ventana
de tu orilla volando hasta mi orilla.

Aquellos que no tienen fantasía
no podrán entender es muy complejo,
que acorta la distancia cada día
recibir una rosa desde lejos.

Te llegará una rosa y día a día
será como quitarle al calendario,
las hojas que nos faltan todavía
para dejar de ser dos solitarios.

Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia,
y será tu silente compañia
cuando a solas te duela la nostalgia.
Domingo, 27 de Febrero de 2005 02:23. [ + ]. Tema: El gran musical Hay 20 comentarios.

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